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Tercer día de actividades

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Tercer día de actividades (A) -  4 de octubre de 2015

 

El kiosko del Bule, San Telmo, la Consti, picoteo: baño donostiarra 

 

Por Andoni HUEGUN

 

El domingo amaneció sin prisa después de los festejos del día grande del aniversario. La cita no podía ser en mejor lugar que en el reloj del Bule, junto al Kiosko, en ese escenario donde a lo largo de la historia de la ciudad nos hemos juntado todas las generaciones de donostiarras habidas y por haber.

 

Essie Hollis y Nate Davis se mostraron los más remolones y no llegaron para la hora acordada: las 12 del mediodía. La noche y el día anterior habían sido intensos para todos, aunque Ed Robota, Dave Angstadt e Iñaki Yurramendi -con sus respectivas- allí estaban -puntuales- sobre esa maravilla del diseño arquitectónico que es nuestro admirado kiosko del Bule.

 

La expedición se fue congregando paulatinamente en el interior del espacio musical y el presi Iñaki Almandoz se atrevió a bailar con solemnidad un aurresku a tan ilustres convidados.

 

Aunque el ambiente climatológico se presentaba como un clásico día a la donostiarra, nos habíamos propuesto ir de pinchos y tampoco un ligero sirimiri iba a impedir que cumpliesen el plan recios personajes de Arizona, Carolina del Sur, New Jersey, Florida o Euskadi -somos vascos, rediós-. 

 

De ahí, que marchásemos hasta el Museo de San Telmo y en la Plaza Zuloaga nos sentásemos para ponernos finos a pinchos, como mandan los cánones, está vez con Hollis y Davis incorporados a la cuadrilla.

 

Después de otra sesión de fotos a porrillo que nuestros protagonistas soportaron con auténtica amabilidad, continuamos la ruta por las calles de lo Viejo donde todo el mundo se rindió admirado al ver pasar a cinco leyendas del basket, por encima de los dos metros largos -Shegun Azpiazu, para entonces, se había sumado al grupo en el Egosari de Fermín Calbetón-.

 

Tras disfrutar de más cariño de numerosos donostiarras, en ese mismo restaurante, Berta Springer, antigua gerente del mismo, se encargó de garantizar plaza para continuar la jornada de amistad y preservar honores gastronómicos bajo la atenta mirada de los empleados del establecimiento.

 

Por la tarde, el corazón de la Parte Vieja -la Consti- sirvió para continuar dando rienda suelta a la memoria y en las mesas de la plaza conversar plácidamente del baloncesto y de la vida.